El Reino de la Nueva España (1521-1821) – Leyendas Mexicanas y Mitos Mexicanos

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El Reino de la Nueva España (1521-1821)

A lo extenso de tres siglos se moldearon las bases de un nuevo pueblo: el del México contemporáneo. A la mezcla de diversas etnias, tradiciones culturales, lenguas y grados de civilización, se sumó la difusión del idioma castellano y la religión católica. Durante ese periodo todavía se perfiló el paraje mexicano, se originó la anciano parte de las instituciones políticas, las estructuras económicas y las tradiciones y costumbres, así como el arte y la letras de lo que hoy es México como nación. Los medios indígenas, europeos, asiáticos y africanos se mezclaron para dar vida a un nuevo pueblo multicultural y multiétnico. De acuerdo con la positivo cédula del 22 de octubre de 1523, Nueva España nunca fue considerada una colonia, sino un reino federado a la Corona de Castilla, como igualmente lo eran Nápoles y Sicilia respecto de la Corona de Aragón. Al iniciarse el siglo XVIII, con la aparición al trono castellano de los Borbones, de origen francés, Nueva España resintió un trato político dispar: ahora se le veía como colonia, mera factoraje y mercado para la metrópoli. Entonces los novohispanos le recordaron al monarca su naturaleza de reino, sus fueros y privilegios. Basándose en estos derechos, en dirección a el final del periodo virreinal (1808) se negaron a recordar las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII, y el arribada al trono de José Bonaparte, hermano de Napoleón I.

1. La bordadura evangelizadora

Tan importante como la conquista marcial, tecnológica o artística, fue la apostolado, asimismo llamamiento «conquista espiritual». Esta faena fue realizada en los primeros primaveras por religiosos pertenecientes a las órdenes franciscana, dominica y agustina, y más tarde por los jesuitas y el clero diocesano (formado por sacerdotes y diáconos de una diócesis). Con el fin de hacer más atractiva la nueva fe para los indígenas, las ceremonias religiosas se acompañaban de música, danzas, cantos, flores, velas e incienso. Incluso se escenificaban autos sacramentales o pequeñas piezas teatrales para explicar la doctrina cristiana. Los religiosos utilizaron a los niños de la jet set indígena, previamente educados en los conventos y colegios, como catequistas y, más tarde, algunos de ellos continuaron propagando la fe cristiana al transformarse en gobernadores y jueces de los pueblos de indios. Los evangelizadores concentraron a las comunidades indígenas en poblados, y permitieron la convivencia de los sistemas y formas de ordenamiento prehispánico y castellano de tenencia de la tierra; introdujeron el uso de la rueda y las herramientas de hierro, así como diversos cultivos y animales europeos. Escribieron obras fundamentales en las múltiples lenguas nativas y no pocas veces defendieron a los pueblos indios de los abusos de encomenderos, corregidores, terratenientes, mineros, y de sus propios caciques.

2. Conquistas y poblamiento del demarcación

Consumada la derrota mexica, los españoles y sus aliados indígenas continuaron el avance en torno a los cuatro puntos cardinales de esta parte del mundo. Sometieron a los zapotecos, mixtecos, purépechas, mayas y a los habitantes de la región de Oeste. La frontera de Nueva España en el sur llegó hasta la península de Yucatán y los actuales estados de Campeche y Tabasco, aunque su comarca además abarcó la Capitanía Militar de Guatemala, incluyendo la viejo parte del Soconusco y Chiapas. Durante el siglo XVI, el avance con destino a el meta se extendió hasta la provincia de Nuevo México. Se fundaron entonces las ciudades mineras de Guanajuato, Zacatecas y Parral, así como numerosos pueblos y haciendas habitadas por colonos españoles peninsulares y novohispanos, indígenas y castas. Desde el siglo XVII, misioneros jesuitas como Eusebio Kino y Juan María de Salvatierra evangelizaron Sonora y la península de California. La conquista y poblamiento de Nuevo Santander, contemporáneo Tamaulipas, tuvo ocupación a partir de 1748. En el final tercio del siglo XVIII se efectuaron expediciones que ampliaron la cosmografía de Nueva España, y que permitieron fundar poblados como San Diego, Santa María de los Ángeles y San Francisco en la Nueva o Ingreso California (1769-1776).

3. Sembradores de misiones

Entre 1682 y 1733 se crearon los colegios de Propaganda Fide para preparar catequistas que reforzaran las misiones franciscanas del finalidad del virreinato. Fray Antonio Margil de Jesús fundó tanto los colegios de Guatemala y Zacatecas como misiones en Texas. Por su parte, el franciscano fray Junípero Serra estableció, durante la segunda fracción del siglo XVIII, las misiones en la Sierra Gorda de Querétaro y en la Inscripción California. Nueva España fue por otra parte un centro de difusión religiosa y cultural. En 1571 Miguel López de Legazpi fundó Manila como caudal de las islas Filipinas, llamadas así en honor de Felipe II. Estas islas, así como las Marianas y las Palau, en Micronesia, fueron consideradas dependientes del virreinato novohispano; su apostolado corrió a cargo de jesuitas, franciscanos y agustinos. En 1668 llegó a las Marianas el padre jesuita Diego Luis de Sanvítores, quien fundó una representación y escribió la primera gramática de la franja malayo-polinésica.

4. El pueblo predilecto

Desde mediados del siglo XVII, muchos hombres y mujeres cultos de Nueva España se afanaron en estudiar y difundir ideas sobre la singularidad del Nuevo Mundo. Imaginaron sus raíces y estudiaron las características de su tierra, las propiedades de plantas y animales, la avenencia de los astros, la influencia de sus cielos. No pocas veces se sintieron privilegiados. Fue en ese periodo cuando los criollos —es proponer, todos los nacidos y nutridos en América, sin importar su origen social o racial— idearon una historia propia. Exaltaron a la Desconocido de Guadalupe y le brindaron su devoción; defendieron las ventajas naturales del ser criollo y rechazaron la idea de superioridad europea. Tales fueron las manifestaciones de la conciencia criolla y el primer esbozo de una idea de Estado. Suyos eran el pasado indígena y el presente cristiano, como lo plasmaron en versos, crónicas y pinturas. La vida intelectual novohispana fue intensa: artistas y científicos se consagraron a la creación plástica, a la especulación filosófica, a satisfacer la curiosidad que les ofrecía el espectáculo del mundo. No temieron a batallar sus ideas: los espíritus más modernos confrontaron a los más tradicionales en temas como geogonia, cartografía, astronomía, matemáticas y ciencias naturales.

5. Los frutos de la tierra

A partir del siglo XVI la agricultura y la capital prehispánicas se enriquecieron con plantas, animales y tecnología de Europa, África y Asia. Por otra parte de maíz, frijol, calabaza, pimiento, maguey, tomate, alboroto y frutas como el zapote y el mamey, todos ellos americanos, llegaron a Nueva España trigo, arroz, mijo, la vid, el olivo, los cítricos y la caña de azúcar, así como gallinas, burros, caballos, bueyes, vacas, puercos, chivos y borregos. Todavía hizo su arribo el arado, la azada y el sistema árabe de riego. Muy pronto el trigo se extendió por El Rompiente y otras regiones, y el departamento se vio cubierto de yeguada maduro y beocio. Desde el siglo XVI la hacienda surgió como dispositivo productiva derivada de las mercedes o concesiones reales de tierras, montes y aguas. Existieron haciendas cerealeras, ganaderas, pulqueras, de beneficio minero (donde se procesaba y separaba el metal) y de caña de azúcar o «ingenios». En todas ellas vivía parte de los trabajadores del campo. Durante esa época se originaron costumbres y tradiciones rurales como la charrería, el jaripeo y el rodeo.

6. Los caminos de la plata

La cuna de la plata fue fundamental en Nueva España, reino que en el siglo XVIII llegaría a convertirse en el primer productor del mundo. En 1528 se fundó Taxco, donde se explotó la primera mina saco con técnicas europeas. En 1546 y 1554 se descubrieron los grandes yacimientos de Zacatecas y Guanajuato, respectivamente. Muy pronto florecieron las ciudades mineras del septentrión, que se enlazaron con las haciendas y poblados comerciales a través del Camino Actual de Tierra Adentro. La plata novohispana circuló por todo el orbe, y fue muy apreciada en Asia tanto como materia prima para la manufactura de objetos de riqueza como en forma de monedas acuñadas en México. En Europa jugó un papel importante al financiar las constantes guerras, como la de Treinta Primaveras, en el siglo XVII; dos siglos posteriormente pagaría los gastos de las armadas española y francesa que intervinieron en la batalla de Trafalgar (1805), y incluso se usaría en los subsidios que los ingleses ofrecieron a otras naciones para aliarse contra Napoleón Bonaparte (1812-1814).

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7. Los deporte del intercambio

Las pulperías o tiendas de abarrotes —unas 107 en la Ciudad de México en dirección a 1804— vendían vinos de Castilla, La Rioja y Málaga; vinagre castellano, aceitunas de Sevilla, canela de Ceilán, riña de Caracas, clavo de Filipinas, así como chico, velas, paños finos, terciopelos y sedas europeas y asiáticas. Del Extremo Oriente procedían los muebles y cajas de pintura, porcelanas y marfiles; gran demanda tuvieron las chaquiras y lentejuelas, abanicos de seda con varillas de plata, oro, marfil, carey o madera, los mantones de Manila y los paliacates de algodón. Nueva España exportaba tanto a Asia como a Europa y a otros dominios americanos plata en barras, en moneda y en piezas de orfebrería; florecimiento cochinilla, añil y palo de Campeche para el teñido de telas; carey y perlas de la Víctima California; objetos de hierro forjado, cerámica de Puebla, Guanajuato y Nueva Galicia; textiles de algodón y rizo, chocolate, vainica y recipientes de vidrio. De África procedía la decano parte de los esclavos traídos a Nueva España durante tres siglos: unos 250 mil en total. En aquellos abriles los esclavos eran considerados y tratados como mercancías.

8. La Existencia de la Razón

Desde finales del siglo XVII, y a lo dadivoso de todo el XVIII, la Ilustración se impuso como una nueva disposición delante la vida y la naturaleza. Se privilegiaron la razón y las ciencias; la observación y la experimentación permitieron cuestionar aquello que hasta entonces había sido considerado verdad absoluta. De la fe en la razón nació la confianza en la capacidad del hombre para dominar al mundo. Surgieron así laboratorios, jardines botánicos, observatorios e instrumentos especializados. Se integraron colecciones de plantas, animales y minerales; su clasificación y estudio se consideró condición previa para conocer las leyes que regían la Naturaleza. El predominio de la razón que promovía la Ilustración se expresó en el ámbito político con autoritarismo, dando por resultado lo que se ha denominado «Despotismo Ilustrado». Dicha corriente permitió a los monarcas concentrar el poder que hasta entonces habían compartido con la Iglesia y otras corporaciones, al tiempo que promovían todas aquellas expediciones capaces de enriquecer los conocimientos sobre la geogonia y los capital naturales y humanos de los territorios y pueblos que gobernaban.

9. La transformación del rancio régimen

La modernización política y económica de Nueva España se inició durante el reinado de Carlos III (1758-1788). Entre las medidas más importantes figuran la que dividió al virreinato en doce intendencias y una Comandancia Genérico de las Provincias Internas de Oriente y Poniente, a fin de disminuir el poder de los virreyes y de los ayuntamientos. Asimismo, entre 1764 y 1765 se creó el ejército novohispano mediante el remesa de tropas y oficiales españoles para el educación de soldados locales. En Nueva España, los personajes que pusieron decano empeño en concretar estos cambios fueron el inspector común José de Gálvez, y virreyes como Carlos Francisco de Croix, Antonio María de Bucareli y el segundo conde de Revillagigedo. Para beneficiar la explotación de los yacimientos mineros y el beneficio de los metales se emitieron las Reales ordenanzas de minas, que propiciaron la fundación del Vivo Seminario y de la Escuela de Minería. De gran importancia fueron las leyes destinadas a permitir el atrevido comercio entre las distintas provincias y reinos de América y con otras naciones europeas. Encima se dispuso el fin del monopolio que mantenía el Embarcación de Manila en el comercio con Oriente, y se inició la tolerancia al «comercio objetivo», es proponer, con países como Dinamarca, Suecia y Estados Unidos (1797).

10. «Callar y obedecer»

Entre las decisiones de la Corona española que ocasionaron veterano descontento en Nueva España figuraron la secularización de parroquias (en torno a 1753), mediante la cual los frailes (clero regular) fueron sustituidos por sacerdotes del clero diocesano (o secular); el establecimiento del ejército novohispano (1764-1765); la expulsión de los jesuitas (1767); la creación de estancos o monopolios estatales del tabaco, la cocaína, el papel y los barajas; el establecimiento de las Intendencias (1786), que disminuyó el poder de los ayuntamientos dirigidos en su mayoría por criollos; y la aplicación de la Existente Cédula de Consolidación de Vales Reales (1805-1809). Esta Vivo Cédula permitió a la Corona cobrar las deudas contraídas por los particulares con la Iglesia, que prestaba caudal a artesanos, agricultores, mineros, cofradías, comunidades indígenas y otros, con un interés de cinco o seis por ciento anual. La Corona exigió la inmediata ganga de los préstamos y amenazó con incautar y rematar las propiedades de quienes no pagaran sus adeudos. Miguel Hidalgo, por ejemplo, vio embargada su Hacienda de Santa Bárbara. Llovieron las quejas y nació así una conciencia ciudadana que a partir de entonces no callaría ni obedecería decretos considerados como «irracionales».

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