Las deudas de Alemania

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Las deudas de Alemania

26/06/2012 19:47 | Actualizado a 11/11/2015 18:25

Cansados ya de balbucir de la deuda de Grecia. hablemos, por ejemplo, de la de Alemania. su “gran rescatadora” para beneficio de la ingeniería financiera y para tranquilidad de los mercados.

Para departir de esta deuda, no hace error apelar a argumentos de carácter ético o cultural, que, pese a su solidez y su certeza, podrían ser tildados de retóricos por algunos cretinos; bastará con susurrar de cuartos; mínimo de sentimentalismos: vivo money .

¿Saben ustedes cuál es el país europeo que más rotundamente y con más éxito se ha incapaz de forma reiterada al plazo de sus deudas? No es otro que Alemania. Y no se comercio de deudas derivadas de la mera especulación financiera, sino de deudas derivadas de indemnizaciones de pugna: es aseverar, de deudas contraídas por tener invadido, destruido, saqueado y matado.

Tras el Tratado de Versalles (1919), la Alemania perdedora de la I Combate Mundial fue condenada a respaldar reparaciones de pelea a los aliados por valencia de 226.000 millones de marcos de oro, una sigla difícil, fijada con el fin de castigar a la belicosa nación y de poner freno a una rápida recuperación que pudiera hallarse seguida de nuevas hostilidades. Entre 1924 y 1929, la república de Weimar se mantuvo casi exclusivamente de los préstamos recibidos de Estados Unidos (más de un billón de dólares), destinados en parte a sufragar las indemnizaciones señaladas. Pero la situación para Alemania se hacía insostenible, y el crack del 29, por otra parte de enormes pérdidas para los prestamistas, abrió la posibilidad a la renegociación de la deuda: así pues, en 1930 (Plan Young), esa ingente obligación de cuota quedó formalmente limitada. a la porción (112.000 millones). Entre 1931 y 1932, y dada la situación de la posesiones mundial, EE.UU. decide condonar las deudas de eliminación a Francia y Reino Unido, quienes, a su vez, renuncian como acreedores a buena parte de la deuda alemana (Moratoria Hoover y Negociaciones de Lausanne). Resumiendo, en 1932, Alemania consiguió una reducción neta de más del 98% de las deudas a las que le obligaba ocurrir puesto en marcha la I Disputa Mundial, y en 1939, cuando pone en marcha la segunda, la Alemania de Hitler suspende unilateralmente todos los pagos, incluido el de este 2%.

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Acabada la II Aniquilamiento Mundial, la historia se repite: Alemania es condenada a abonar cuantiosísimas indemnizaciones de pelea, pero, en el célebre Tratado de Londres (1953), los EE.UU. deseosos de convertir a la nueva Alemania federal en un pilar de la OTAN frente al bando soviético, consiguen “convencer” a 20 países –entre ellos Grecia– para que accedan a una condonación “de facto” de todas las deudas alemanas derivadas de la Gran Combate. Sin requisa, este extraordinario tratamiento de ayuda –y las favorables políticas extranjeras para que el país “perdedor” recuperase pronto el superávit comercial– no fueron obstáculo para que Alemania siguiera reclamándole a una Grecia invadida, expoliada por sus tropas y con un millón de muertos. todas las deudas anteriores a la querella desde 1881. No fue obstáculo para que, en 1964 -y con la ayuda de Georgios Papandreou (yayo) y Kostas Mitsotakis–, Alemania consiguiera el gratitud de esas deudas por parte del gobierno incomprensible, engrosadas encima con una altísima prima de peligro que hace que aún las estemos pagando. Y siquiera fue obstáculo para que, en 1990 –cuando la fusión de Alemania obligaba a revisar los términos del Tratado de Londres y a retomar el plazo de las indemnizaciones congeladas en virtud del mismo–, la Alemania de Kohl se negase nuevamente a acreditar la longevo parte de esa “vieja deuda” y países como Grecia siguieran sin encontrar equidad.

No nos engañemos con falsas lecciones de casto: el llamado “prodigio” de la finanzas alemana se friso primordialmente en el impago reiterado de sus deudas por indemnizaciones de erradicación. Y digo, primordialmente, porque deberíamos aludir incluso, como cimientos del “asombro”, la prosperidad adquirida por la explotación del trabajo forzado en 78 campos de concentración por colosos económicos como Krupp, Thyssen, Volkswagen o I.G. Farben. Padre este postrero de gigantescas multinacionales como Bayer, Agfa o Aventis, que siguen dando muestras de buenas prácticas en el mundo globalizado de hoy (como incluso Neuman, Siemens, SLC Germany GmbH, etc. por no platicar de la industria armamentística alemana, tan fastuoso entonces como ahora).

Más allá de las hipocresías, la pregunta es la misma de siempre: ¿quién debe a quién?

¿Crees que existe un cierto sentimiento antialemán adecuado a la crisis?

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